Los que navegan por mi mar...

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sábado, 22 de septiembre de 2012

Soy lo que soy



Imágenes tomadas de Internet


No me pidas perdón ni vengas a importunarme,
Soy lo que soy, no por la gracia de dios,
Sino por la lucha de mis padres.
La sangre se derramó hace ya muchos años,
No tenemos memoria,
Nos olvidamos de los nuestros
Antes que de los extraños.
Hubo un tiempo de armonía,
De unión y de alegría; pero ese tiempo pasó
Y ahora solo queda la anarquía.
No hay gobierno, sino lobos
Despedazando corderos,
¿Quién vela por nuestros sueños?
¿A quién le preocupa por qué
Lucharon nuestros abuelos?
Manos caídas, rodillas al suelo,
Permitamos que nos traten como perros,
Que nos quiten la libertad, si alguna vez la tuvimos;
Que nos quiten el pan que creímos de nuestros hijos.
Permitamos que nos alejen de lo que un día creímos nuestro.
Y cuando nos pidan más, démosles nuestros propios huesos.
Total ¿qué somos? simples muñecos manejados por ciegos.
Nos dicen, nos cuentan, informan, transmiten…
Gritamos emocionados y nos sentimos colmados…
Ganamos medallas, copas, trofeos.
Pero perdemos lo único que tenemos:
La dignidad de ser un pueblo
Que defiende sus derechos.





viernes, 6 de julio de 2012

NOCHE DE SAN JUAN


Imagen tomada de Internet



Ante el inmenso mar,  gotitas de rocío acercándose poco a poco, todos de blanco, pureza para una noche especial.

La puesta de sol da color e ilumina ese momento único cada día. Es la hora fijada, dónde todos se reunirán  aportando un poquito de felicidad. La música va tomando importancia, se van montando los instrumentos, difícil no reconocerlos cuando en la oscuridad que se cierra resplandecen como luces en la niebla.

Es la noche más corta, la más intensa, la que se vive desde la calma a la locura más prolongada.

El fuego todo lo quema, pero no quema mi alma, siento cómo se desgrana en pequeños trocitos de lava, arde mi interior y se va derritiendo hasta desaparecer en medio de la playa.

Imagen tomada de Internet

Es el miedo el que atenaza y petrifica mis pasos, no he podido deshacerlo, se queda, se instala. En un blanco papel  escribí todo lo que abrasaba, lo que durante meses destruyó mi casa; con mano decidida lo eché al fuego, vi cómo se quemaba. Quise seguir con los rituales, tomé unas florecillas blancas que lancé a la playa, una pequeña ciruela les siguió en su danza, por último la moneda, que también con certeza cayó al agua. Y me pregunto: ¿todo esto ayudará a despejar mi vida? ¿Seré capaz de recuperar mi calma y la estabilidad que me falta? Solo sé que han pasado dos semanas. En la noche de San Juan no se quemaron todos mis desvelos, todavía faltaban otros, que esperaban tras los espejos el momento oportuno para atacarme y dejarme desarmada.


Imagen tomada de Internet